Un elefante en la habitación (mi CAS, tu CAS y el CAS nuestro de todos los días)

Por Eduardo Melgar

Dicen que lo que se ve no se pregunta

Juan Gabriel

Una persona muy cercana me narró la siguiente historia((La conversación se ha transcrito tal y como me fue contada. El nombre de la fuente se mantendrá en reserva.)): “Era mi primer día como jefe en una institución pública, de modo que solicité la relación de puestos ocupados y libres. ‘Aquí todos somos CAS’ ((Contrato Administrativo de Servicios (CAS por sus siglas) aprobado mediante Decreto Legislativo 1057 y su Reglamento Decreto Supremo 075-2008-PCM, complementando mediante Ley 29849 que establece la eliminación progresiva del Régimen Especial del Decreto Legislativo 1057.)), me dijo la abogada que me atendió. ‘Bueno, vaya y tráigame esa relación entonces’. Regresó con una hoja de papel impresa. ‘¿Qué significa esta marca?’ pregunté. ‘Son puestos que están en pleno proceso de selección’. ‘Ok ¿Y estos nombres que figuran al lado de cada puesto?’ ‘Ah, son los nombres de las personas para quienes se abrió el CAS’ ‘Son los que van a ganar pues jefe’, concluyó ante mi mirada atónita”.
Si a usted le parece poco plausible esta anécdota ponga en marcha su memoria asociativa e intente recordar si le suenan familiares algunas de estas frases: “¿Podrías indicarme si este CAS está libre?” “No postules a esa convocatoria ese CAS ya tiene nombre” “En el lugar donde trabajo me están abriendo un CAS” “Merezco un aumento ergo pediré a mi jefe que me abra un CAS con un sueldo mejorado” “¿Puedes abrirle un CAS a mi sobrina ahora que eres jefe?”
Si la respuesta es sí, tenga el consuelo que no es el único. En nuestro país el tratamiento que se viene dando al CAS es una expresión más de la poca institucionalización de nuestra burocracia perucha((De acuerdo al Informe del Régimen Especial de Contratación Administrativa de Servicios (2017, p. 4) elaborado por SERVIR “El régimen del CAS fue creado en el año 2008 para solucionar la problemática generada por la proliferación de los servicios no personales (SNP) en el sector público, modalidad contractual establecida en los años noventa como respuesta a las restricciones presupuestales impuestas a la contratación de nuevo personal, con el objetivo de ahorrar costos laborales y acceder a un sistema de contratación más flexible en el sector público”. Con el tiempo el CAS debía ser sustituido por el régimen regulado por la Ley Nº 30057, Ley del Servicio Civil, pero ello no ha sido así.)). Lo paradójico es que la mayoría de nosotros sabemos (o intuimos) como funciona, pero estamos poco dispuestos a comentar o discutir libremente sobre ello.
“Dicen que lo que se ve no se pregunta”, señala el epígrafe con el que inicia este texto. Los americanos tienen una expresión similar para referirse a temas controversiales: “The elephant in the room” o el elefante en la habitación. La expresión hace referencia a un problema importante o asunto controversial que está obviamente presente pero es evitado como materia de discusión ((Traducción libre de: A major problem or controversial issue which is obviously present but is avoided as a subject for discussion. https://en.oxforddictionaries.com/definition/the_elephant_in_the_room.))
Para medir que tan grande es el elefante del CAS en nuestra habitación, se realizó una pequeña encuesta donde se preguntó lo siguiente:
1) “¿Cuál es tu opinión sobre la forma de selección de personal bajo el régimen CAS regulado por la Ley Nº 29849 que realizan las entidades del sector público?”
2) “Si tuvieras que elegir el destino del régimen de CAS…” (¿qué harías?).
La encuesta se realizó a través del SurveyMonkey, fue anónima y estuvo abierta durante tres días, respondiendo un total de cien personas.
Los resultados muestran que ante la primera pregunta (ver Cuadro 1) “¿Cuál es tu opinión sobre la forma de selección de personal bajo el régimen CAS regulado por la Ley Nº 29849 que realizan las entidades del sector público?” un 87% de los participantes eligió la alternativa “No es objetivo, no gana el (la) mejor porque está direccionado”, mientras solo un 13% eligió “Es objetivo, gana el (la) mejor”.

Gráfico 1

Elaboración: propia
Fuente: SurveyMonkey

 

Se revela un marcado escepticismo de los participantes respecto a la objetividad de los procesos de selección bajo la modalidad CAS, cuyo resultado conllevará a que no gane “el mejor candidato”, sino que la balanza se incline hacia aquél para quien se “creó” o “direccionó” esa posición, aun cuando no sea objetivamente el mejor bajo un esquema competitivo y meritocrático.
Una forma muy recurrente de conseguir ello es a través del diseño de los términos de referencia (el perfil del puesto), haciéndolos “cerrados”, esto es, con requisitos específicos ajustados a un perfil en particular, de modo que se asegure -de saque- que solo una persona (aquella para quien se creó la posición) los cumplirá, como por ejemplo, años de experiencia en el sector público, contar con una titulación específica o realizar una actividad que solo podrá cumplir quien ya viene trabajando en la entidad. Otra forma bastante usual es la puntuación otorgada en la entrevista personal, última y definitiva etapa de los procesos de selección de CAS. Se suele otorgar alrededor de 30% del puntaje total para ser considerado ganador, lo que significa, casi un tercio del puntaje total de los postulantes y que, en la práctica, puede desplazar a un primer puesto -que se encuentra “puntero” luego de destacar en la etapa curricular y técnica- hasta el final de la tabla de calificación favoreciendo a un “suertudo” ubicado muy por detrás que ascenderá hasta el primer lugar: ¡tenemos un “ganador”!
Por otro lado, ante la segunda pregunta (ver Cuadro 2) “Si tuvieras que elegir el destino del régimen de CAS…” un 83% de los participantes eligió la alternativa “Lo eliminaría”, mientras solo un 17% eligió “Lo mantendría”.

 

Gráfico 2

Elaboración: propia
Fuente: SurveyMonkey

 

Llama la atención el hecho que un 87% de los participantes piense que la forma de selección bajo el régimen CAS “No es objetivo, no gana el (la) mejor porque está direccionado”. No obstante, de este mismo total, ante la pregunta de “Si tuvieras que elegir el destino del régimen de CAS…” solo un 83% respondió que lo eliminaría; lo que muestra que existe un 7% que mantendría el sistema a pesar de considerar que este no es objetivo, lo cual dice mucho de cuánta competitividad o meritocracia estamos dispuestos a sacrificar para satisfacer un interés personal actual o futuro (quizá ese 7% está conformado por personas que obtuvieron o esperan obtener un CAS valiéndose de métodos poco objetivos… o de los que insisten en mantener el elefante en la habitación).
Lo cierto es que el número de servidores bajo el régimen CAS ha venido creciendo de manera sostenida en el período 2009-2016, pasando de 157 mil a 275 mil, lo que implica un incremento de 8% al año en promedio y 76% en acumulado ((Informe del Régimen Especial de Contratación Administrativa de Servicios (2017, p. 5)). Descontando las denominadas carreras especiales (profesorado y magisterial, docentes universitarios, profesionales de la salud, magistrados, fiscal, diplomáticos, militares y policías, entre otras), el régimen CAS ocupa el primer lugar dentro del ranking de servidores civiles, llegando a concentrar un porcentaje importante como lo muestra el Gráfico 3.

Gráfico 3

Servidores Civiles según su régimen de contratación*, 2016 (en porcentaje)

*No incluye carreras especiales ni locadores de servicios.
Fuente: MTPE – Planilla Electrónica (diciembre 2016).
Elaboración: SERVIR – GPGSC.

Cabe agregar que el costo laboral anual de la planilla CAS asciende a cerca de S/ 7 750 millones de soles incluyendo a los tres niveles de gobierno, que, como se muestra en el Gráfico 4, representa al 2016 el 1,2% del producto bruto interno (PBI) nominal, valor que se ha duplicado con relación al registrado en el año 2009 (0,6%)((Informe del Régimen Especial de Contratación Administrativa de Servicios (2017, pp. 9-12)).

Gráfico 4


Evolución de la relación costo de planilla CAS / PBI nominal, 2009-2016
(en porcentaje)

 

Para añadir la cereza al pastel, nuestros congresistas amenazan con un dictamen que permitiría el traslado de los trabajadores bajo el régimen de CAS hacia la planilla estatal, lo que, de ser aprobado, ocurrirá de manera progresiva dentro de un periodo de cinco años. Esta noticia sería alentadora si el ingreso, mediante concurso público, garantizase un acceso meritocrático a los mejores cuadros. Nuestra percepción general, no obstante, parece ir en un sentido contrario.
Lo peor del asunto no es el intento de disfrazar como meritocrático algo que termina no siéndolo. Las apariencias cuestan. Nos cuesta a todo los peruanos mantener una abultada burocracia de servidores públicos en las oficinas de recursos humanos y logística encargados de los procesos de selección de los CAS. Ello además de los sistemas o plataformas informáticas que se crean para tales efectos, del pago de consultorías para elaborar los exámenes, de los vigilantes durante las pruebas, etc.
O sea no solo debemos resignarnos a creer que lo que se ve no se pregunta, sino además, debemos hacernos la idea que debemos pagar por todo lo anterior. Ello, sin considerar el costo de oportunidad por la no utilización de todos los factores productivos destinados a estos menesteres, que bien podrían ser empleados de modo alternativo para fines socialmente más valiosos.
Si la elección de los CAS termina no siendo objetiva en la mayoría de las veces (y encima debemos pagar por el andamiaje legal que recubre este proceso) ¿no cabría ser más sinceros y explorar formas diferentes de contratación que permitan no solo legitimar la elección, asegurando que los procesos no estén direccionados, sino además evitar los costos que ello conlleva para la sociedad en conjunto?
En todo caso, si la elección va a terminar siendo “a dedo”, es decir, si el resultado va a terminar siendo el mismo -con concurso público o sin aquel- al menos aseguremos que ello no irrogue recursos al Estado porque esa factura la pagamos todos los peruanos. Mi CAS, tu CAS, nuestro CAS. Si es muy complicado controlar o no se puede diseñar mecanismos para evitar que el jefe no elija al amigo de su promoción o regale el trabajo a la sobrina de su colega, al menos aseguremos que esto no resulte más costoso de lo que ya viene siendo.
Si el origen del sistema fue solucionar la problemática generada por la proliferación de los servicios no personales (SNP), aseguremos que la receta no termine siendo peor que la enfermedad. Es hora de empezar a conversar sobre estos temas en lugar de mantenerlos ocultos bajo la alfombra. Mantener al elefante en la habitación se está volviendo cada vez más costoso.

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